Rotas (barcos ebrios)

“Si evaporada el agua el nadador todavía se sostiene, no cabe duda: es un ángel”.

Eugenio Mandrini “Los breves mundos”.

En un sótano de Vallekas, en el subsuelo de un taller, hay una especie de remanso del que balancean formas que cuelgan del techo generando una atmósfera de tranquilidad, una especie de isla sin ruido previo.

Algunos sabemos cómo empezó esto, esas colgaduras que toman nuevos rumbos. Todo apareció con la hospitalidad, acoger lo extraño sin preguntar el origen y el accidente de la ebriedad desconocida, muy parecida al envenenamiento. Ahí habita el origen mítico del columpio, como homenaje al ahorcamiento de Erígone (hija de Icario, pastor y hospedador de Baco).

Pero, como reza ese microrrelato de Mandrini, si eliminada el agua el buzo sigue flotando, eso es otra cosa. Durante todo este tiempo de abstracción, de pena y cambio, parece ser que se eliminó el aire del columpio, pero eso se mantenía ahí, a la altura de nuestra mirada, habitándola. Estaban ahí, y nosotros sin comprender que de alguna manera esos balancines habían cambiado ya de fluido.

Ya habían notado en su terquedad la derrota del asiento, de la permanencia en el mismo lugar cuando alrededor todo había cambiado. A la pobreza ya no se la aguanta como al otro extraño, sino que ha empezado a aparecer en el rabillo del panóptico y del ojo envenenado como el otro eliminable.

Así a veces, como en Kafka, la metáfora aparece más inteligente que el propio autor, se despega de él y se decide a tomar nuevos rumbos a otros cielos y a otros mares, porque, como reconoce el propio autor, esa derrota tiene el mismo origen etimológico que la deriva y el rumbo.

Rota:

Del lat. [via] rupta ‘[camino] abierto en el bosque’, y este del part. pas. de rumpĕre ‘romper’; cf. derrota.

f. Mar. Rumbo que lleva una embarcación.

Emilio Gómez Barroso

Rotas, materiales diversos, 2025-2026 (imágenes del estudio)

Diques (Philip Guston), pasta de papel y tintes, 2025-2026.

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